érase una vez un árbol

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Troncos como éste duelen mientras caminas … Vas contándolos y pierdes las ganas. Entre la pena y la nostalgia de la sombra, se te confunde la mirada y ya no sabes si lo que ves es un homenaje al árbol perdido o un tótem de la idiotez y el sinsentido. Muchas son las calles que muestran este desolado paisaje.

Imaginando que eso no ha sucedido dejo una muestra para recordar que un día lo vi.

Título: “Nosotros los pusimos, nosotros los quitamos”

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movimiento

Acuarela: Rosa Pérez

Acuarela: Rosa Pérez

Miro a mi alrededor y, cuando dejo por un instante de pensar que mi pequeña presencia en el universo es “tan importante”, se me  manifiesta la realidad como un juego de sutil y extrema elegancia, un movimiento de belleza infinita que está ahí y puedo sentir de la misma forma que noto cómo el calor del sol traspasa mi piel o me empapo de la humedad que permanece en un jardín sombreado.

querida rosa:

(Esta carta es la respuesta a otra que encontrarás en “querida verde“)

Querida Rosa,

Antes de que se me olvide: también te quiero.

A ver… Sé que no habrás leído mi carta todavía, la que te envié en un e-mail. Ésta te llegará y tampoco la leeras (o lo harás cuando encuentres ese tiempo-espacio en el que “contactes con” o  “te llenes de” mis mensajes). Mientras tanto, yo voy haciendo, que a ti se te amontonan las cosas y es como si no pasara nada y ya sabes que yo no lo siento igual. También sé que lo respetas (“Doña Respeto”) y lo agradezco, aunque haga bromas,… que si no parece que todos tengamos que ser profundos o ser no se qué  y  no es el caso. Además, si yo me levantara tan temprano sería para correr, no para “hacer el fantasma” (permíteme la broma ya que tú no dejas de hacerla con mi nombre :-p)

De todas formas, te recuerdo que tienes un blog de acceso público y que yo soy de las primeras que me suscribí a las entradas (o sea, la incógnita del sobre cerrado al carajo) (Qué poco calculadora eres madre mía!!!). Sigue leyendo

querida verde:

 

Imagen

Querida Verde:

 Hoy me he levantado pronto… Algo me ha hecho saltar de la cama.

Me he tapado con una manta, tipo fantasma, y he vagado un rato por la casa, a oscuras. No sabía muy bien qué hacer porque el despertador todavía no había sonado: era un espacio muerto, disponible. No esperaba nada, ya no espero. (No te confundas, no es que no tenga esperanzas, es que lo que espero ya no depende sólo de mí.) Una incertidumbre, una nube de espuma blanca se extiende a mi alrededor. No me asusta sentirme así, es más, me conforta. Tengo muchas ganas de saber cómo será todo lo que tengo por vivir.

He visto las lanas que están desperdigadas por casa desde que estoy trabajando en las intimidades de “el ovillo”. Las he tocado, las he olido… Algunas ya tienen mi olor, lo reconozco. También me han mostrado otras presencias, no sé si pasadas o futuras. Sigue leyendo

la papelera del escritor

La papelera del escritor

Fotografía de Rosa Pérez

La papelera del escritor está llena de sueños, de promesas sin cumplir y algún que otro poema inacabado. En ella palpitan corazones inquietos -algunos rotos- y se retuercen cartas nunca enviadas a remitentes que seguirán siendo ignorantes de la ternura o desdén con que se vivió su presencia, con la que se sufrió su ausencia. Sigue leyendo